Analicemos, despacito.
Según parece, estamos en Tequila (Jalisco), son las 2 de la mañana, y, las fuerzas ya flaquean. Es evidente. Parte de los asistentes, fatigados, participan de un modo testimonial y a ratitos, en determinadas secuencias.
El asunto, aunque como divertimento o final de fiesta familiar, pudiera, muy bien, arrancar por una discusión o enfado, entre el cantante "improvisado" y la señorita sentada a su derecha, y, se trataría de volver las aguas a su cauce, de reencontrarse, de implorar su perdón, siguiendo la terminología del género y para eso lo jalean y lo empujan hasta conseguir que arranque.
Parte de una orquesta, debidamente uniformada, exhausta, en retirada, acompañan inertes, al galán, que sin saber muy bien la letra, (tienen que apuntarsela, en algunos pasajes, pues está claro, que la desconoce), trata por medio del bolero congraciarse y finalmente, consigue a petición del público arrancarle un beso de perdón.
El tono, la luz, el lugar elegido, parecen idílicos para este reencuentro y el asunto acaba, como celebración, alargando un trago, victorioso, hasta contar 8: mambo! entre el jolgorio y los aplausos de los asistentes. El trompeta, que en todo momento ha estado en su sitio y se lo ha tomado en serio, desde el inicio, cierra el fresco con un digno final de apoteosis.
La gracia de lo sencillo, de lo natural, un vez más, se impone, agradablemente. Que inmenso placer!