Hacemos un paréntesis, aparcamos momentáneamente el latín jazz, para llamar la atención del total abandono en que se encuentran los títulos de esta discográfica, fundada por Enoch Light en los años 50 que a pesar de las facilidades actuales para la reedición siguen en el más oscuro silencio sin que haya nadie que se atreva a difundirlos al menos para que no se pierdan.
Esta etiqueta parece continuadora de una anterior llamada Grand Award y la integraban primeras estrellas como son:
Doc Severinsen
Dick Hyman
Tony Mottola
Urbie Green
Lew Davis
Bob Haggart
Don Lamond
Ray Charles Singers
Terry Snyder
Charles Magnante
Lee Evans
capitaneados por Enoch Light, que entre otros adelantos prometían la invención de un sonido en una nueva dimensión.
El acordeón ya no se lleva. No tiene futuro, y, no escuchas a nadie decir en la peluqueria: mi Julio Alberto José se está labrando un porvenir como acordeonista, como máximo, ascensorista.
(Acarrearlo, transportarlo, es ya, en si un trabajo)
Y por tanto, esa imagen, esa figura lejana, antigua, entre circense y de pizzeria, de una persona soportando el peso de un instrumento y gesticulando como si se estuviera abriendo la barriga y extrayendo música, está "demodeé".
Retrotrae a "l'ancien temps", a otras culturas, limitándose, tal vez, a un determinado y residual folclore.
No va. No funciona. No mola. Mi consejo es: no inviertan en acordeones. Consuélense escuchando a Charles Magnante.