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viernes, 20 de junio de 2025

Laurindo Almeida - Capítulo 614














(Portade del catálogo de Keidea para esta temporada Otoño-Printemps. Es broma.)

A mi me gusta mucho Laurindo Almeida. Que le vamos hacer! Tengo esa debilidad. Hay gente a quien le gustan las alcaparras, y no pasa nada. Tuve un jefe, cuando habían trabajos y por consiguiente, jefes (no se concibe uno sin el otro) que invitado a mi humilde hogar, correspondiendo a una invitación suya, al lujoso suyo, que en compañía de su emperifollada esposa se presentaron como atención, como detalle, como lo que quieran, con un frasco de alcaparras.



Para los que no sepan de que se trata, añadiré que estos encurtidos, por decirles de alguna manera, son como unas uvas pasas pequeñitas, verdosas oscuras, que saben a demonios, que debían tomarlas los vaqueros, y, tratantes de ganado, en el Far West, y, que debería estar penado, con dos días de arresto domiciliario el engullirlas, y, con veinte días, el obsequiarlas.
Entonces, siguiendo el razonamiento si hay gente que tira de alcaparras, que tiene de malo, pregunto, que a mi, me guste Laurindo Almeida? Eh?
En la seguridad de que están Vds / vosotros muy atareados para entrar en YouTube e ir mirando, referencia por referencia, las canciones de este época, correspondientes a estos trabajos, pues ya me molesto yo, que no tengo nada mejor que hacer, y, así se las ponían a Felipe II o Fernando VII, da igual; la gente ya tiene bastante con pagar la hipoteca, para tener que entrar en detalles de si la frase se refiere a uno de estos o a Carlos V. Lo dicho. Sean buenos y no se me las salten. 
 

viernes, 13 de enero de 2023

Hablar por No Fumar (Reflexiones de un converso o cóncavo)




Se deja el tabaco como a un amor en pecado que nos domina / daña, y, que a todas luces, no nos conviene. Eso sí, momentos antes de que sea tarde, y, nos abandone él, marcándonos, o, perjudicándonos, dolorosamente.

Canalla y calladamente. 

Pues el sistema está montado para lesionarnos, como único fin, y lo que nos gusta, está prohibido, mata o engorda. (Que es la peor de las muertes: la defunción social).

A regañadientes. En una ruptura en la que no te vas del todo, algo tuyo se queda, ahí, como no se deja nunca de ser fumador, aunque no se fume más. Lo dejas a efectos formales o fiscales, pero nada más.

Se diría que ambos casos llevan implícita una turbia forma de resarcimiento. Una suerte de venganza malentendida contra la sociedad; una manera de recuperar los peajes, canjear los tickets de los gastos menores, en el primer caso, sin importar un daño a terceros, y, en el segundo, sufriendo un serio desgaste que la propia vida no exige ni merece.

Se fuma, para evidenciar al mundo y a nosotros, principalmente, el esfuerzo monstruoso que nos representa desarrollar la puta actividad diaria, desempeñar un trabajo que no nos llena, no ser dueños de nuestro tiempo, o, acabar nuestra pequeña o gran historia de amor comprando, juntos, papel higiénico en el supermercado. 

Y eso, esa frustración, se traga mejor con humo.