Reflexiones para una cuesta de Marzo.
Observo, perplejo, el trato descortés y desconsiderado, casi despreciativo, que los Ayuntamientos y la Administración, en general, dispensan a los propietarios de utilitarios, de esos boliditos, cuyo uso, cuasi anticuado e impracticable, choca, frontal y paradojicamente, con el mundo que vivimos.
Vamos, demasiado, deprisa, y, con el coche, no se llega nunca.
Por un lado, advierto, la actividad frenética de la Grúa Municipal cuyo afán recaudatorio, y, voraz, no tiene límites, en un síntoma inequívoco de como están, las arcas, las finanzas, y, en contraposición a la fama de pachorras que rodea a los funcionarios.
Hay que recaudar, se pueda o no. Por lo visto, no hay manera de reducir gastos, de controlarse, de auto limitarse.
Por otro, legiones de guardias o semiguardias multeros, "apatrullan" la ciudad a la caza de repartidores angustiados y profesionales a punto de colgar la black&decker, e, ingresar en el paro, que ignoren o sobrepasen el horario del disco de estacionamiento regulado, y los crujen con multas cuantiosas, y, a traición, mientras, los intermitentes activados de emergencia, asisten, impotentes, al legal ultraje.
Paralelamente, otro escuadrón de vigilantes refractantes y refractarios, bajitos y enfurruñados, controlan las zonas azules y verdes, sacudiéndote, cual cuatreros, una denuncia a la primera que te pillan en un descuido o sin cambio, eso, si, con foto, y, tecnología punta, que lo flipas en colores.
Las multas llegan a tu casa antes de que regreses tú.
Hay radares por todas partes. Controles aleatorios y cámaras en semáforos. Limitaciones de velocidad que fácilmente son superadas por los chavales en patinete. Zonas restringidas para parking de bicicletas de alquiler. Plazas vedadas y reservadas a Cuerpo Consular, y, toda suerte de enchufados varios.
Ya los parkings/garajes ofertan un precio inferior a la tarifa de las zonas marcadas con colores.
Y para disfrutar de este acoso e incomodidad, debes abonar religiosamente el impuesto de circulación, y, tener, al día, la inspección técnica del vehículo, que obtienes sólo a través de la administración, pagando la tasa que ellos, por su cuenta, estiman oportuna.
Después, se quejan del descenso de las ventas, y, de la calamitosa situación que atraviesa el sector del automóvil. Y les extraña que los jóvenes, (son el futuro), "passen" olímpicamente de aspirar, al cumplir los 18 años, de pilotar un coche.
Prefieren la conducción temeraria, y, no penalizada de un vídeo juego, donde, de momento, puedes adelantar por la derecha, por el arcén, y superar, ampliamente, los límites de velocidad sin ser sancionado.