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miércoles, 12 de octubre de 2016

Amalia Guglielminetti - todo un fascinante hallazgo



Sorprende que en un mundo tan global, informativamente, y, a la vez, tan mercantilista, donde cualquier personajillo, cualquier ladronzuelo, ya tiene editadas memorias, lujosa biografía, y, hasta, una película de su intrascendente vida, exista la figura de una escritora / poetisa, cuya peripecia vital sea en sí misma interesante, acompañada de una producción literaria estimable, y, sin embargo, haya quedado traspapelada, olvidada, diluida en el tiempo, acaso como mejor destino y como prueba de que lo valioso es y debe ser, por su propia naturaleza, exclusivo, minoritario.

Retrato, autor: Marco Reviglione


Hay quien sufre, sin saberlo, un desajuste temporal en su nacimiento. Una alteración, no de horas o de días, con lo cual dejaría de ser Cáncer para pasar a Piscis o Libra, y, celebraría su aniversario en bañador en lugar de con chaqueta y en la nieve. No. Es un desarreglo mayor, a lo bestia. Una anticipación o retraso de 50 años, y, eso amigo, los lleva de cabeza, pues, esa descompensación es difícil de retocar, de corregir. Tú vas bien, pero el mundo va mal, y como la mayoría siempre gana, pues, te las hacen pasar canutas.



Si además de nacer mujer en un mundo liderado por hombres, te enamoras mal, y, para acabarlo de arreglar, lo haces, por segunda vez, peor, aunque te marches a París, a vivir, para darle a tu historia, como a los perfumes, un toque cosmopolita, lo único que consigues es comprobar lo cara que se cotiza la libertad.










lunes, 6 de julio de 2015

Lo stupido, l'idiota, come elemento unificante indispensabile per perpetuare la specie umana


El inglés para los negocios; el alemán para la guerra; el francés para la otra guerra, menor, pero más cruenta, del amor; el castellano para alargar los vencimientos de un préstamo con Dios, y, el italiano, (alargada sombra de Pitigrilli) para cantar, y, "scatenare" la actualidad, desgranandola.

Sea como fuere, somos todos necesarios, y, ninguno insustituible, pero siempre hay alguien más prescindible que otro en esta jerarquía donde el dinero estructura y sedimenta en capas a la sociedad. 

Quizás el más valioso, el alma mater, de todo este tinglado sea el estúpido, el imbécil, que con su enorme proliferación y su comportamiento irreflexivo y aleatorio, guiado por su instinto primario, mueve montañas de euros/dólares, crea shares, mitos, tendencias, marcas, pone, en fin, y quita reyes.

Ahora inmersos en infinidad de campañas para la preservación del hielo polar, y los osos de no se que parte, se hace más necesario que nunca, una iniciativa popular para salvar al imbécil que risotea a carcajadas a altas horas de la madrugada, al conductor que, equivocadamente, se sitúa en el carril más a derecha para girar a la izquierda, eso sí, indicando con el intermitente opuesto la maniobra contraria, al empalagoso que, solo verte, te suelta que has engordado, al pesado, al bocazas, al chorra, al gracioso que ejerce sin serlo,  pues, sin duda, son los seguros conservadores de la especie.