miércoles, 9 de septiembre de 2015

Presentada en sociedad la desusada palabra cupo, o, un cuento chino (Dedicado)


Si alguien, al nivel de Supermán, Spiderman, o similar, no lo remedia, todos nuestros queridas tascas y bares acabaran regentados por ciudadanos orientales. 
Esto es así. Nos guste o no. Queramos o no.

Con la que está cayendo, es una minucia, pero aceptando que se trate de un asunto menor, deberíamos guardar las formas. Existen ciertas cosas que por estética y tradición, deberían ser intocables y estar reguladas.

Estos establecimientos son nuestra segunda casa. Han ejercido, a nuestra manera, de centros culturales. Con sus peñas quinielisticas y partidas de dominó.
Hemos crecido en ellos, descubriendo los callos con garbanzos, las patatas bravas, los calamares romana, dado el primer beso, cogido la primera cogorza, y, establecido ese vínculo, no se pueden abandonar en manos del primero que llega. 

Esta invasión civilizada ataca a nuestras raíces más profundas. Es un misil en la linea de flotación de nuestro sistema de convivencia pues desconocen nuestra lengua, gustos y costumbres.
Infinidad de generaciones venideras sufrirán esta amputacion/desmenbración y sus efectos, habiendo un antes y un después.

Con todos mis respetos. Tú puedes adquirir un enchufe en un bazar oriental pero no pedirle a este abnegado ciudadano de ojos rasgados que te prepare un trifasico. (Cortado con coñac)

De ahí que debiera desempolvarse la palabra cupo, y, aplicarla en la medida que limita, con criterios de perservar, protejer o cuidar, una actividad que siendo atacada por una política invasiva acabaría dañandola o extinguiéndola.

Y en esas estamos. ¿Como podremos dar la barrila/soltar el royo, al nuevo mesonero de turno?

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