sábado, 28 de marzo de 2015

EL CAN CAN DE LOS PERROS, O, LA MISMA ESTAMPA CURSI REPETIDA



Una de las modas o servidumbres que conlleva la vida actual es consumir "fast food", y, a continuación, adoptar una mascota. (Sin ser una cosa consecuencia de la otra).
Llegado a este punto, gozar de la compañía de un perro es el fenómeno más imitado, y, extendido, como si de una epidemia se tratara. Y si son dos, mejor. Se diría que, si no lo posees, no eres nadie. Estás incompleto. Socialmente acabado. Y una sombra de sospecha cae sobre tí. Y todo con el buen rollo de querer a los animales. Como si ellos tuvieran opciones de elección o les preguntaran si esa es la vida que desean.

No sabría explicar donde nace la necesidad. Quien fue el primero, el inductor. Podría tratarse de una cuestión estética, de una pose. En las pinturas de todas las épocas hay un espacio destinado a los animales para completar el retrato de familia. O tal vez, de una reafirmación de nuestra personalidad. Una prolongación de nuestro ego. Ya que somos unos mandaos necesitamos, a su vez, la sucesión de la jerarquía y contar con alguien que nos obedezca.

En otras palabras: ahora que las condiciones de trabajo se han puesto imposibles, y, nuestra existencia es monótona y, en general, poco gratificante, se hace necesario transmitir / descargar nuestra frustración y miserias.  

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